miércoles, 27 de enero de 2010

JOSE FERNANDEZ ARROYO

















SONETOCRÓSTICO

A Sagrario Torres por
su primer libro de sonetos.



Sinceramente va mi enhorabuena
a este libro primero que te nace
grávido del amor que te deshace,
rebosante de fe que te encadena.

A tus catorce bocas te das plena
renunciando a otro pan que satisface
inmensamente más, y no se hace
ordenando con orden la cadena.

¡Trastorna y desbarata la baraja!
Olvida la compuesta cantinela,
rompe las viejas cuerdas que te atan.

Retorna a un mundo que se resquebraja
entre golpes de látigo y espuela
sobre gritos de hermanos que se matan.

José Fernández-Arroyo
Madrid 22 de mayo de 1968

JOSE FERNANDEZ ARROYO
































A SAGRARIO TORRES POR SU LIBRO “POEMAS DE LA DIANA”


¡Bien dieron tus poemas en la diana
de mi amor a La Mancha y su paisaje!
Se esponja en luz mi fibra castellana
con tu voz de azafrán y su mensaje.
Porque es tu voz henchida, plena y llana,
exenta de oropélico ropaje
la propia voz en su expresión humana
de La Mancha, tu amor y tu homenaje.

¡Cómo huele la tierra, cómo brilla
el herbazal, el ave cómo canta
en tu poema, cómo la sencilla
humildad del cabrero se levanta!
¡Qué ancha la anchura de mi tierra
en tus versos; el cielo, qué brillante!
¡Ah, Sagrario, qué clara y qué pujante
tu voz, que alma y corazón aferra!

Vuelo en tu libro por el campo: ¡Siento
que soy matojo, oveja, cepa, espiga,
abejorro, jilguero, monte, hormiga,
amapola, cardencha, luz y viento!
Y por este profundo sentimiento
que tu libro me da, Sagrario amiga,
que conmigo La Mancha te bendiga
y te torne en amor, por uno, ciento.


JOSE FERNÁNDEZ ARROYO
Publicado en la revista “Manxa” Junio, 1993

JOSE APARICIO CASAS

SIN HABLA ESTA NOCHE A SAGRARIO TORRES




Turbia me queda esta noche
asustada, ya entre voces, panderetas,
luces sin habla. Turbia, turbia la noche
se aleja.
Sagrario la noche te escucha
la noche te agarra, Sagrario esta tarde,
esta mañana.

Sagrario está en un paisaje
de La Mancha.


JOSE A. APARICIO CASAS
En el homenaje en Valdepeñas,1979

JOAQUIN MARQUEZ

















A SAGRARIO TORRES

tentada por el ciprés




Está viendo Gerardo ¿era ciprés?
Da otro salto mortal sobre sí misma;
Gerardo sigue allí. ¡Que se descrisma!
No sabe ya donde poner los pies.

Investiga el derecho y el revés,
hacia arriba, hacia abajo y se ensimisma.
¿Cómo mirar las luces de ese prisma
para no ver Gerardos como ves?

Pobre Sagrario, en Silos, condenada
para la voz, alicaído el canto,
y sintiéndose arder por la mirada.

¿Pobre Sagrario? Suelta los sentidos.
Abandona los ojos por el llanto
y deja que te canten los oídos


JOAQUIN MÁRQUEZ
Sevilla, junio de 1975

JOAQUIN MALO DE MOLINA
















A SAGRARIO TORRES



No sé si estás casada o eres soltera.
Si el amor ha llamado a tu ventana.
Si eres rayo de luz de la mañana
o margarita flor de primavera.

No sé si eres humilde o altanera.
Con el hombre cruel, o eres humana.
Si eres de una belleza soberana
o de belleza igual que otra cualquiera.

Si eres sangre de Lope o de Quevedo.
Si la hermana mayor de Rosalía;
o de Antonio Machado, por ejemplo.
-Con cualquiera de éstos hoy me quedo-.
No hallé mejores versos todavía
en los setenta años que contemplo.

JOAQUIN MALO DE MOLINA
Dedicado a S.T. en su libro
“Cien hojas de mi árbol” 1.980


A SAGRARIO TORRES

Por “Esta espina dorsal estremecida”



Soneto tras soneto voy leyendo
de tu libro en verso prodigioso;
con ese acento puro, limpio, hermoso,
vas tu sangrante alma describiendo.

No te he visto jamás y te estoy viendo
medio oculta en tu trono misterioso:
y en tu camino agrio y silencioso
una estela de luz vas esparciendo.

¿Por qué ocultar tus alas en la niebla?
¿Por qué apagar tu sed de amor divino?
¿Para qué ahogar tu luz en la tiniebla?

¡No quieras recordar tiempos adversos!
Vuelve a tu luz. No tienes mas camino
que el camino glorioso de tus versos.



JOAQUIN MALO DE MOLINA
De su libro “Cien hojas de mi árbol”
Ed. en El Burgo de Osma, 1980

JESUS MARTIN Y RODRIGUEZ CARO


















Jesús Martín y Rodríguez Caro
Junio 1.990


A Sagrario Torres

Tus catorce bocas me alimentaran
una noche en que el sueño erra ausente
a las caricias de un amor latente,
y en su ausencia, tus versos me bastaran.

Sonetos que en mis carnes se soñaran
como idilios de un amante presente,
me acariciaran de forma silente
y con ellos mis labios cabalgaran.

Sin darme cuenta, tu verso redimía
a una noche consumida en el estío
haciéndote, poco a poco, solo mía.

¿Cómo pagarte la deuda?, Sagrario,
siendo como fuiste, sangre que fluía,
¿Bastará con un soneto tuyo y mío?

JESUS MARTIN Y RODRIGUEZ CARO