A FRANCISCO LOREDO§
En respuesta al poema que me dedicó en su libro “Vuelta de llave”.
Si tus ojos azules han mirado
la espina que yo alcé, dorsal y pura,
¿a qué otra cosa llamaré ventura
si en tus versos leales me has cantado?
Mi espina ha sido un árbol anidado
por tristezas, dolores y amargura.
Ha sido solitaria partitura,
un lienzo torpemente dibujado.
Quédate solamente, amigo mío,
con ese regresar a mis infancias
que no tuvieron mar, tan solo un río.
Lavo mi vida en él desnuda, y canto,
y cuento al sol monedas de ganancias.
Y porque tú me miras seco el llanto.
§ 1.984
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lunes, 24 de agosto de 2009
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